Entrevista: Marcelo Lemos, secretario ejecutivo de la CEAMA La Amazonía, el cambio climático y el futuro del trabajo. La transición ecológica, ¿una oportunidad o un riesgo?

A las puertas de la VI Asamblea General de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), que tendrá lugar en marzo de 2026, la Amazonía vuelve a revelarse como uno de los territorios decisivos para comprender el rumbo de la humanidad. Los últimos años han sido especialmente intensos: la COP30, el Encuentro de Obispos de la Amazonía en 2025, los seis años de vida de la CEAMA y la reciente visita de su Presidencia al Santo Padre León XIV han puesto de nuevo en el centro la urgencia de escuchar la voz de los pueblos amazónicos y de fortalecer un camino eclesial verdaderamente sinodal.

En esta entrevista hablamos con Marcelo Lemos, Secretario Ejecutivo de la CEAMA, Doctorando en Sociología y Antropología en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y también en Desarrollo, Sociedad y Cooperación Internacional en la Universidad de Brasília (UnB), entre otras titulaciones.

Su recorrido profesional incluye experiencias en Relaciones Institucionales y Gubernamentales, con Cáritas Brasileira y el Servicio Jesuita a Migrantes y Refugiados. Como investigador, ha dedicado su mirada a los desplazamientos forzados de pueblos indígenas Warao, a las políticas públicas y a las prácticas de hospitalidad.

A través de su experiencia, profundizamos en los desafíos que atraviesan la región, el impacto del cambio climático en el mundo del trabajo y las esperanzas que se abren de cara al futuro.

En camino hacia la VI Asamblea General de la CEAMA, ¿cuál es el mensaje más urgente que debe recibir el mundo desde la Amazonía?


Creo que lo que estamos viviendo ahora, camino a la VI Asamblea General, es que entramos en un ciclo decisivo. Todo lo que hemos experimentado –la COP30, el Encuentro de Obispos de la Amazonía, la visita al Santo Padre León XIV– confirma algo que escuchamos una y otra vez en los territorios: la Amazonía está llegando a un punto límite. Y lo digo como alguien que ha caminado con comunidades que, día a día, sostienen la vida del bosque. El mensaje es claro: si queremos un futuro común, necesitamos un pacto socioecológico nuevo, donde la vida y la justicia no sean discursos, sino decisiones reales. Los pueblos amazónicos ya nos mostraron el camino: la salida de la crisis climática pasa por recuperar lo que hemos dañado y por respetar profundamente sus territorios. Y esta conversación es mundial.

La Cumbre COP30 subrayó la justicia climática. ¿Cómo interpretarla hoy desde la Amazonía?
Para mí, la justicia climática en la Amazonía es ya una cuestión de vida o muerte. América Latina emite poco, pero sufre muchísimo. En la COP30 fue evidente que no podemos seguir aceptando acuerdos que ignoran la desigualdad histórica entre quienes destruyeron y quienes hoy pagan la cuenta. Hablamos de justicia climática cuando hablamos de reparación, de transferencia de recursos, y de valorar a quienes han protegido el bosque por generaciones. Y aquí vuelvo a mi experiencia en Europa: cuando converso con instituciones del norte global, percibo que algo está despertando, pero no basta: la Amazonía necesita compromisos reales.

En estos seis años de CEAMA, ¿cambió la manera de enfrentar la crisis climática?
Mucho. Estos años me enseñaron que la vida espiritual es un lenguaje de vida. Cuando los pueblos hablan del bosque como un ser vivo, como una casa común que se une y transforma también la manera en que nosotros, desde la institución, pensamos la ecología, es que ya no se trata de ofrecer respuestas técnicas. Necesitamos una conversación profunda, personal y colectiva. No habrá futuro sin una ética que nos relacione de otro modo con la tierra.

Persistiendo la deforestación, ¿cómo deberían actuar los dirigentes tras COP30?
Si pudiera resumirlo en una palabra diría: coraje. Hagan falta decisiones valientes, no declaraciones. La Amazonía necesita protección territorial real, no simbólica. Necesita cortar las cadenas globales que alimentan la destrucción, incluso aquellas que operan desde economías muy distantes del bosque. También requiere fortalecer economías sostenibles y dignas, que permitan a las comunidades vivir bien sin tener que destruir lo que las sostiene. Y saber que nada funcionará sin participación comunitaria. Ellos conocen el territorio mejor que nadie.

¿Qué desafíos enfrenta el mundo laboral en la Amazonía frente al cambio climático?
La transición ecológica puede ser una oportunidad o un nuevo riesgo. Todo depende de si nace con los territorios o si se impone desde fuera. En la Amazonía, imponer políticas sin escuchar genera más precariedad.

Por eso insistimos tanto en tres cosas:

  • Empleo digno que respete los ritmos del bosque,

  • Bioeconomía comunitaria que combine tradición e innovación,

  • Oportunidades para los jóvenes, para que no se vean obligados a migrar.

Y aquí, mi diálogo con Hermandades del Trabajo ha sido decisivo. Me ha ayudado a mirar cómo el mundo laboral global juega un papel central en esta transición. La Amazonía no puede quedar fuera de esa conversación: lo laboral es también ecológico.

¿Es posible conciliar desarrollo económico y sostenibilidad?
No es solo posible: es imprescindible. Pero no desde la lógica extractiva. El desarrollo debe servir a la vida, no al revés. La Amazonía necesita un modelo donde el bosque en pie sea fuente de riqueza y dignidad. Donde el trabajo humano no destruya el futuro, sino que lo construya.

¿Qué principios de la doctrina social de la Iglesia iluminan este camino?
A mí me toca mucho uno: el trabajo como vocación. No como carga, sino como participación en la creación. Esto cambia la conversación sobre el futuro del empleo. El destino universal de los bienes nos recuerda que la Amazonía no es un botín; es un bien común que exige responsabilidad global, especialmente del norte económico. La solidaridad y la subsidiariedad nos invitan a tomar decisiones desde abajo hacia arriba, con las comunidades en el centro. Y el cuidado de la Casa Común es el gran paraguas que lo sostiene todo. Durante nuestra visita al Santo Padre León XIV, en octubre de 2025, él nos dijo: “Voy despacio porque no quiero dejar a nadie atrás.” Es ese el criterio.

¿Cómo se aplica la ecología integral en la Amazonía?
Para mí, la ecología integral es un modo de vivir y de decidir. En la CEAMA la aplicamos escuchando los territorios, trabajando codo a codo con los pueblos indígenas, promoviendo espacios de formación intercultural y diseñando proyectos donde ciencia y tradición se encuentren. Y también intentando vivir una sinodalidad real, esa que no idealiza, sino que acompaña con paciencia, con presencia, con decisiones.

¿La financiación climática avanza realmente?
Avanza… pero no donde debería. Muchas veces, los recursos se quedan en estructuras que no llegan al territorio. Para que haya justicia climática, las comunidades deben ser sujeto, no beneficiarias pasivas.

¿Cómo entender la “deuda ecológica” hoy?
Para mí, la deuda ecológica es la memoria del planeta. Y ese nombre dice que quien más contaminó debe asumir más responsabilidad: financiera, tecnológica y moral. La Amazonía ya no puede subsidiar al mundo con su destrucción.

¿Qué mensaje ofrece a quienes protegen la Amazonía?
Les diría algo muy simple: no están solos. La Amazonía tiene una fuerza y una esperanza que contagia. Cada persona que la defiende, desde un territorio remoto o desde una oficina en una gran ciudad del norte global, forma parte de una misma trama. La CEAMA seguirá caminando junto a comunidades, iglesias y organizaciones.

Por: Guadalupe Mejorado
Foto: Cortesía

Este articulo se inserta dentro de la revista A Hombros de los Trabajadores, impulsada por el Centro de Hermandades del Trabajo Madrid, que puedes leer aquí.

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