8M: cuando la igualdad también se juega en el mundo digital

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer invita a detenerse y mirar la realidad con atención. No solo para celebrar avances, sino también para identificar las desigualdades que aún persisten y las nuevas formas en que estas se manifiestan. Hoy la brecha de género ya no aparece únicamente en los salarios, en los puestos de responsabilidad o en la conciliación familiar. También se abre paso en un terreno cada vez más decisivo: el acceso a la tecnología y al empleo digital.

Desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) advierten de que la desigualdad adopta hoy formas más complejas cuando la tecnología se convierte en una barrera invisible. “Cuando la tecnología se convierte en un filtro que decide quién accede a un trabajo y quién queda fuera, la desigualdad adopta formas más sofisticadas, pero igualmente injustas”, señalan en su manifiesto con motivo del 8M.

La brecha digital: una nueva forma de exclusión

La digitalización ha transformado profundamente el mercado laboral. Hoy la mayoría de ofertas de empleo, trámites administrativos o procesos de selección se realizan a través de plataformas digitales. Pero no todas las personas cuentan con las mismas herramientas para acceder a este nuevo escenario.

Según el IX Informe FOESSA, un tercio de los hogares vulnerables vive en situación de “apagón digital”. En los hogares en pobreza severa, el 35% carece de conexión estable y el 34% no dispone de competencias digitales suficientes.

Esta brecha afecta especialmente a las mujeres. Muchas de ellas no pueden inscribirse en ofertas de empleo, completar trámites administrativos o regularizar su situación porque los procesos se realizan únicamente de forma digital y resultan complejos o inaccesibles.

Los sectores donde esta desigualdad se hace más visible son precisamente aquellos donde las mujeres tienen mayor presencia: los cuidados, el trabajo doméstico o el ámbito rural, donde el acceso a la formación tecnológica es más limitado y el tiempo disponible para formarse es escaso.

En la diócesis de Getafe, por ejemplo, la celebración del Día de la Mujer puso de relieve esta realidad y reclamó el fin de la brecha digital que dificulta el acceso de muchas mujeres al empleo y a los derechos laborales.

Trabajo, cuidados y desigualdad persistente

El problema no se limita a la tecnología. Las cifras muestran que la desigualdad laboral sigue siendo una realidad estructural.

Las mujeres continúan cobrando un 20% menos que los hombres, según la EPA de 2024. Además, el 75% de los contratos a tiempo parcial en España están ocupados por mujeres, muchas veces no por elección, sino por la necesidad de compatibilizar el empleo con las responsabilidades familiares.

La carga de los cuidados sigue siendo uno de los principales factores que explican estas diferencias. Las mujeres adultas dedican 55,2 horas semanales al cuidado de otras personas, frente a las 38,2 horas que dedican los hombres. Esta diferencia de casi 17 horas condiciona la carrera profesional, el acceso a empleos estables y la posibilidad de formación.

No es casual que el 93,4% de las personas que trabajan a tiempo parcial por motivos familiares sean mujeres, ni que el 62% de las mujeres que nunca han trabajado fuera del hogar señalen el cuidado familiar como la principal razón.

Tecnología sin mujeres: el riesgo del sesgo

La brecha digital también tiene otra dimensión menos visible: la escasa presencia de mujeres en el desarrollo de tecnología, plataformas digitales e inteligencia artificial.

Cuando las mujeres no participan en la creación de estas herramientas, existe el riesgo de que los algoritmos reproduzcan o incluso amplifiquen desigualdades existentes. Las decisiones automatizadas que seleccionan currículos, recomiendan candidatos o gestionan procesos laborales pueden incorporar sesgos estructurales si no se diseñan con una perspectiva inclusiva.

Por eso, desde Iglesia por el Trabajo Decente advierten que la brecha digital no es solo técnica: es también una brecha de dignidad.

Un desafío que interpela a toda la sociedad

El 8 de marzo no es solo una fecha simbólica. Es una invitación a preguntarse qué tipo de sociedad queremos construir.

La digitalización puede ser una herramienta poderosa para mejorar la vida de las personas, pero también puede convertirse en un nuevo factor de exclusión si no se garantiza el acceso universal a los recursos, la formación y la conectividad.

Por eso, desde ITD se reclama a las instituciones públicas y a la sociedad en su conjunto políticas que reduzcan la brecha digital de género, impulsen la formación tecnológica y acompañen a quienes hoy quedan fuera del sistema.

Porque el trabajo digno no es un privilegio. Es un derecho.

Y en una sociedad cada vez más digitalizada, garantizar la igualdad también significa asegurarse de que ninguna mujer quede desconectada del futuro.

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