El día 28 de abril se celebra el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, una fecha que nos hace conscientes de las cifras de accidentes y enfermedades profesionales con el fin de fortalecer los protocolos de seguridad y garantizar entornos laborales cada vez más seguros.
En 2025, más de 620.000 personas sufrieron un accidente de trabajo con baja y 735 murieron en España, según los datos provisionales del Ministerio de Trabajo y análisis de sindicatos y entidades especializadas. Estas cifras sitúan a nuestro país ligeramente por encima de la media europea en mortalidad laboral. Informes de la OIT y de organismos europeos de seguridad y salud
en el trabajo muestran que España comparte con otros países una alta concentración de accidentes mortales en sectores como la construcción, la industria y el transporte, así como en los desplazamientos hacia y desde el trabajo.
Por otro lado, en el Consejo de Ministros del día 11 de noviembre de 2025, el Gobierno declaró 2026 como Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo, una decisión que se enfoca en la prevención de riesgos laborales y busca impulsar un cambio cultural en empresas, administraciones y ciudadanía.
¿Hasta qué punto estos accidentes y fallecimientos son evitables? Muchos son el resultado de cómo se organiza el trabajo, qué recursos se destinan a la prevención y que no valoran adecuadamente la vida y la salud de la clase trabajadora. A veces, los propios trabajadores se olvidan o no se protegen de forma adecuada ante la presión de unos resultados. En general, en los distintos estamentos, se olvida que la prevención y la salud laboral son básicas, pero también evitar la precariedad laboral que coloca al trabajador en una posición de fragilidad física, mental y
salarial: la temporalidad, la subcontratación en cadena y la presión por producir se traducen en más riesgo, más miedo a denunciar y menos capacidad de parar una tarea insegura.
Acabar con esta problemática exige tomarse en serio la prevención: priorizar las normativas y leyes de riesgo laborales, reforzar la Inspección de Trabajo, integrar la seguridad en cada fase de la producción, garantizar la participación real de las personas trabajadoras y vincular la responsabilidad empresarial a consecuencias claras cuando se incumple la ley.
Pero también es evitar que la salud de los trabajadores quede dañada para siempre: las consecuencias en términos de salud mental, de enfermedades músculo esqueléticas, cardiovasculares… entre otras graves, y que persistirán durante toda la vida, son ejemplos de cómo la vida del trabajador queda marcada.
Aceptar que la productividad y el beneficio no deben pesar más que la seguridad deben ser indicadores tan elocuentes como cualquier dato económico y hablan sobre el tipo de sociedad que construimos. La esperanza de evitar buena parte de los accidentes laborales es real, porque las medidas que se pueden tomar también son reales y accesibles.
Redacción: Guadalupe Mejorado.
Este artículo se inserta de la revista A hombros de trabajadores. Abril 2026, que puede leer aquí

