Hermandades del Trabajo presenta su Manifiesto ante el 1º de Mayo 2026, Día Internacional de los Trabajadores. El título: “Por un pacto social para reducir la pobreza laboral, crear empleos dignos y afrontar los retos de la Inteligencia Artificial”.

Dirigimos nuestro tradicional Manifiesto con motivo del Día del Trabajo, como cada año, en un contexto de conflictos internacionales, con tensiones geopolíticas y una preocupante incapacidad política para dar prioridad al diálogo, la cooperación y la paz. El Papa León XIV ha mostrado su preocupación:

“La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”

Desde Hermandades del Trabajo defendemos en nuestro Ideario y con nuestras acciones sociales, que el trabajo, además de un medio para cubrir las necesidades individuales y familiares, es un derecho inalienable y un deber para participar en el bien común y en la construcción de una sociedad justa y poder contribuir al progreso social. Decimos que «el trabajo en todas sus formas es la virtud humana más fundamental».

Como cristianos buscamos la armonización de los intereses de trabajadores y empresarios, porque sin empresas no es posible mantener un estado del bienestar en una sociedad moderna. En todo caso, la economía y el trabajo deben de estar al servicio de la dignidad de la persona y el bien común.

La pobreza en España, en particular la pobreza laboral

La precariedad laboral, la temporalidad involuntaria y la inseguridad en el empleo siguen afectando a amplios sectores de la población, generando incertidumbre y dificultando proyectos de vida estables; siendo este un modelo económico cada vez más consolidado, normalizándose y provocando que no se garantice la dignidad de la persona. Resulta imprescindible promover un modelo laboral que proporcione seguridad, reconocimiento y oportunidades reales de desarrollo profesional.

La pobreza se está cronificando en España y tiene especial incidencia en la infancia, en los menores, en mujeres y en migrantes irregulares y sus familias. Un número elevado de trabajadores vive en situación de precariedad laboral. Si el empleo deja de ser garantía de integración social se merma la salud de las personas y sus familias y se impide un proyecto de vida estable; ya no garantiza poder cubrir las necesidades básicas de la familia.

Los niños y los menores de 18 años son los que tienen la tasa más alta de riesgo de pobreza. Los hogares de menores recursos destinan casi la mitad de sus ingresos a la compra o el alquiler de una vivienda, lo que hace que apenas puedan cubrir sus necesidades básicas, incluyendo el ocio y el ahorro para imprevistos.

Las causas de la pobreza, además de las situaciones de paro o de precariedad laboral y de bajos salarios, viene marcada por las dificultades para amplias capas de la población de comprar o alquilar una vivienda, a lo que destinan más de un 40 % de sus ingresos. También los precios de la energía (pobreza energética) y los impuestos y cotizaciones que recaen sobre el trabajo, dificultan el sostenimiento de las familias. Es más frecuente el trasvase desde la clase media a los umbrales de pobreza, que a la inversa. Al problema de la vivienda dedicamos una gran importancia y protagonismo en el Manifiesto 2025. Pensamos que sigue siendo válido todo lo allí subrayado.

Apoyamos las justas reivindicaciones de agricultores, ganaderos, pescadores, autónomos y Pymes. Los primeros, porque son actividades fundamentales para proporcionar alimentos de calidad a la población de forma sostenible y evitar el encarecimiento del coste de la vida. Y, los autónomos, porque también son trabajadores, a veces con mayor riesgo y dedicación.

Exigimos una formulación justa de los impuestos y la distribución de los mismos debe destinarse a políticas sociales, con incidencia relevante, en la formación para el empleo.

Las nuevas tecnologías

Nos encontramos, además, ante profundas transformaciones en el mundo del trabajo impulsadas por la digitalización, la robotización, la Inteligencia Artificial (IA) y las nuevas formas de empleo. Estos cambios ofrecen oportunidades, pero también generan incertidumbre y riesgo de exclusión. Es imprescindible garantizar la formación continua, la recalificación profesional y el acompañamiento de los trabajadores para que nadie quede atrás. La innovación tecnológica debe ponerse al servicio de la persona, humanizando los procesos productivos y respetando la dignidad humana.

La IA y la robotización van a implicar un cambio de era. El mundo laboral tal como lo entendemos se trasformará y afectará en menor medida a los trabajadores manuales que a profesionales con mayor cualificación. Si los cambios por la robotización y la inteligencia artificial del trabajo se produjeran más rápido de lo esperado, podrían producirse graves conflictos sociales.

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