Un mercado laboral con más contratos… y más fragilidad

El último Balance del mercado laboral en 2025 elaborado por la Unión Sindical Obrera (USO) ofrece una fotografía compleja del empleo en España. Detrás de los buenos titulares sobre récord de afiliación y descenso del paro registrado, aparecen datos que invitan a una lectura más profunda sobre la calidad del trabajo y el impacto que esto tiene en la vida de las personas.

Paro real y precariedad persistente

Según el informe, si se cuentan no solo los parados “oficiales”, sino todas las personas inscritas en el SEPE que no están trabajando (fijos discontinuos inactivos, afectados por ERTE, personas con disponibilidad limitada, en formación, etc.), el número de desempleados asciende a 3.854.911 personas a diciembre de 2025, es decir, casi un millón y medio más que la cifra de paro registrado.

Además, casi la mitad de los parados (45,9%) son de larga duración y uno de cada tres lleva más de dos años buscando empleo. Las mujeres cargan con mayor peso: representan el 60% del total de parados y, entre ellas, las mayores de 50 años suponen prácticamente una de cada tres personas inscritas como desempleadas.

Este panorama muestra que la precariedad no es solo una etapa pasajera, sino una realidad estructural que cronifica el desempleo y golpea con especial dureza a las personas de más edad y a las mujeres.

Más contratos, menos estabilidad

La reforma laboral ha incrementado notablemente la contratación indefinida: en 2025, el 41,5% de los contratos fueron indefinidos, frente al 10,9% de 2021. Sin embargo, esto no se traduce automáticamente en estabilidad. Uno de cada tres contratos dura menos de un mes, y más del 20% no llega ni a una semana.

A esto se suma el auge de la parcialidad: solo el 16% de los contratos iniciales indefinidos son a tiempo completo y los contratos a tiempo parcial o fijos discontinuos superan ya a los indefinidos a jornada completa. El informe habla de un empleo “troceado”: se reparten las mismas horas de trabajo entre más personas, generando salarios reducidos y obligando a muchos trabajadores a encadenar varios contratos o empleos para poder llegar a fin de mes; en 2025 había cerca de 887.000 personas en pluriempleo.

Una reflexión sobre el trabajo y la persona

Los datos confirman algo que la experiencia cotidiana ya deja entrever: tener trabajo no siempre significa vivir con dignidad. Crece la figura del trabajador con contrato indefinido pero pobre, atrapado en jornadas parciales, fijos discontinuos o una alta rotación que impide construir un proyecto de vida estable.

Desde una mirada humanista, el trabajo no puede reducirse a un dato estadístico o a un indicador macroeconómico. Es el espacio donde la persona construye identidad, relaciones, aportación social y sentido, y por ello debería ser fuente de seguridad, reconocimiento y cuidado. Cuando el empleo se convierte en algo inestable, fragmentado y mal remunerado, no solo se resiente la economía familiar: se hiere también la autoestima, la salud física y mental, el tejido comunitario.

El informe de USO invita a preguntarnos si un mercado laboral basado en contratos brevísimos, parcialidad extendida y paro de larga duración es compatible con una sociedad que aspire a la cohesión y la justicia.

Hablar de políticas de empleo es, en el fondo, hablar de qué lugar damos a la persona en nuestra organización económica: si el trabajo es un mero coste ajustable o un bien que debe garantizar condiciones dignas para todos. La tarea pendiente no es solo crear más puestos, sino asegurar que cada trabajo permita vivir, cuidar, participar y mirar el futuro con esperanza.

Redacción: MAS Digital. 

Foto: Pexels.

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