La Iglesia sale a la calle por el trabajo decente: una voz frente a la exclusión

La Jornada Mundial por el Trabajo Decente, celebrada el pasado 7 de octubre, ha vuelto a movilizar a la Iglesia en numerosas ciudades españolas. Bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente», concentraciones, marchas y vigilias han reivindicado una sociedad en la que trabajar signifique también poder vivir con dignidad.

La Iglesia ha vuelto a salir a la calle. No solo para manifestar su preocupación por las condiciones laborales, sino para recordar que el trabajo es mucho más que un salario: es dignidad, estabilidad, derechos y posibilidad de construir un proyecto de vida.

Con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), integrada por organizaciones como Cáritas, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC, ha impulsado actos reivindicativos y celebraciones en distintos puntos de España.

Las movilizaciones han tenido presencia en ciudades como Madrid, Valencia, Córdoba, Sevilla, Barcelona, Málaga, Almería, Huelva, Salamanca, León o Vitoria-Gasteiz, entre otras.

En Madrid, la plaza del Canal de Isabel II acogió la convocatoria; en Valencia, la plaza de la Virgen fue escenario de la reivindicación; mientras que en Córdoba, la plaza de las Tendillas reunió a participantes antes de una marcha hacia la parroquia de San Nicolás de la Villa. En Sevilla, la parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor acogió una vigilia de oración.

Distintos lugares, pero una misma reivindicación: que nadie quede excluido de una vida digna por las condiciones de su trabajo.

Tener empleo no siempre significa vivir dignamente

La jornada de este año ha puesto el acento en una contradicción cada vez más evidente en nuestra sociedad: España mejora sus cifras de empleo, pero muchas personas trabajadoras siguen sin poder acceder a una vivienda, independizarse o afrontar con tranquilidad el coste de la vida.

La precariedad laboral, los salarios insuficientes, las dificultades de conciliación y la siniestralidad continúan siendo realidades que cuestionan nuestro modelo de desarrollo.

Por eso, la reivindicación de ITD va más allá del empleo. Reclama condiciones que permitan a cada persona desarrollar una vida plena, con seguridad, derechos y esperanza de futuro.

Una fe comprometida con la realidad

La presencia de la Iglesia en las calles recuerda que la defensa de los derechos laborales no es ajena al mensaje cristiano, sino una expresión concreta de su compromiso con la justicia social.

La Doctrina Social de la Iglesia ha defendido siempre que el trabajo debe estar al servicio de la persona y nunca al contrario.

En un tiempo marcado por la incertidumbre económica, las dificultades de acceso a la vivienda y las transformaciones tecnológicas, este principio conserva toda su actualidad.

La celebración del 7 de octubre ha sido, por tanto, algo más que una jornada reivindicativa. Ha sido una llamada a recuperar la centralidad de la persona en la economía y a recordar que ningún progreso puede considerarse verdadero si deja atrás a quienes trabajan.

Las concentraciones han terminado y las pancartas se han recogido, pero el mensaje permanece.

Porque el trabajo decente no puede ser una reivindicación de un solo día. Debe ser un compromiso permanente de toda la sociedad.

Y porque, como ha recordado la Iglesia en las calles de España, trabajar debe permitir vivir, no simplemente sobrevivir.

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