Mons. Abilio Martínez Varea: «Desde la Pastoral del Trabajo nos preocupa el lugar que la persona va a ocupar en esta transformación digital»

Con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, el Centro de Hermandades del Trabajo de Madrid ha realizado una entrevista a Mons. Abilio Martínez Varea, obispo de Ciudad Real y presidente de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española.

La entrevista, realizada por Guadalupe Mejorado y publicada en el número de octubre de 2026 de la revista A hombros de trabajadores, aborda algunos de los principales desafíos del mundo laboral: la precariedad, los salarios, la conciliación, el acceso a la vivienda, la inmigración y el impacto de la inteligencia artificial.

Desde MAS Digital reproducimos esta conversación, en la que Mons. Abilio Martínez Varea reflexiona sobre la necesidad de situar a la persona en el centro de la economía y de las transformaciones del trabajo, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.


Entrevista a Mons. Abilio Martínez Varea

D. Abilio, vivimos una época en la que tener trabajo ya no garantiza una vida digna. Qué le preocupa más hoy: ¿el desempleo, la precariedad o que hayamos normalizado empleos que no permiten construir un proyecto de vida?

A mi juicio, es importante la salvaguarda de la dignidad de la persona y precisamente en estas tres situaciones mencionadas, dicha dignidad se pone en cuestión. De hecho, el Magisterio Social de la Iglesia nos recuerda la importancia de un trabajo digno que permita construir un proyecto de vida personal o familiar. Sin olvidar las dificultades que muchas familias y jóvenes tienen para acceder a una vivienda digna en estos momentos.

Cuando una empresa obtiene beneficios importantes mientras parte de sus trabajadores reclama mejoras salariales o denuncia pérdida de poder adquisitivo, ¿cómo debería entenderse, desde la Doctrina Social de la Iglesia?

Es legítimo que una empresa obtenga beneficios. Sin ellos, difícilmente podría crear empleo, renovar sus medios de producción o afrontar nuevos proyectos.

León XIV en Magnifica humanitas nos plantea la necesidad de una responsabilidad empresarial que tenga en cuenta también la calidad y la dignidad del trabajo. El magisterio social de la Iglesia nos recuerda que los trabajadores no pueden quedar al margen de la riqueza que contribuyen a generar.

En España seguimos discutiendo sobre productividad, reducción de jornada, conciliación y registro horario. En su opinión, ¿son conceptos compatibles?

En primer lugar, creo que necesitamos hacernos tres preguntas: ¿qué producimos?, ¿para qué producimos? y ¿cómo lo producimos? Porque no basta con producir más; tenemos que preguntarnos qué economía estamos construyendo y al servicio de quién está.

Por otro lado, la cuestión no es preguntarnos si estos conceptos son compatibles, la cuestión es que el ser humano necesita hacerlos compatibles para poder crecer en humanidad.

Dios, después de trabajar seis días, bendijo el domingo. El tiempo de descanso es imprescindible para la vida humana. Necesitamos tiempo para la cultura, la contemplación, la espiritualidad; para relacionarnos y crear comunidad; para desarrollar nuestra afectividad y nuestros proyectos vitales; para el cuidado y para la familia…

Por eso, Gobierno, empresarios y sindicatos deben avanzar en una regulación de los tiempos de trabajo que haga del tiempo de descanso un espacio para una vida más humana, más social y comunitaria.

La inteligencia artificial promete aumentar la productividad, pero también genera temor a la sustitución de puestos de trabajo. El propio Santo Padre ya se ha manifestado en “Magnifica humanitas” sobre el desafío ético que la IA supone. ¿Qué es lo que más le preocupa desde el punto de vista de la Pastoral del Trabajo?

Desde la Pastoral del Trabajo nos preocupa el lugar que la persona va a ocupar en esta transformación digital. El Papa León XIV, en Magnifica humanitas, en el número 156, nos advierte de este desafío, pero también nos invita a gestionar esta transformación de una manera proactiva, poniendo a la persona en el centro.

El Papa continúa diciéndonos que una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovación de manera que la tecnología esté al servicio de las personas y nos ayude a desarrollar nuestras capacidades humanas. En segundo lugar, nos recuerda que también necesitamos políticas activas que garanticen el acceso a la formación continua que faciliten la transición profesional.

Por último, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito. De manera que cuando se dan estas condiciones, la innovación puede convertirse en aliada de un trabajo más seguro, más creativo y más digno.

La Iglesia habla de diálogo social, pero sindicatos y organizaciones empresariales viven también momentos de fuerte polarización. ¿Qué les pediría hoy a unos y a otros? ¿Y qué debería aportar la Iglesia a ese diálogo?

El Papa León XIV recoge la tradición de la Iglesia sobre la importancia del diálogo social. En Magnifica humanitas, en el número 155, señala que “es necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables políticos, las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad científica para elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas y consensuadas…”.

En este sentido, es imprescindible que Gobierno, empresarios y trabajadores aborden las cuestiones relacionadas con el trabajo desde los principios del bien común y del trabajo digno. En su visita a España, en el acto que tuvo lugar en el “Movistar Arena” de Madrid, hizo una llamada al diálogo social comparándolo con el arte de tejer redes, simbolizando un encuentro, escucha, diálogo y respeto. Este diálogo social es fundamental para fomentar la creación de redes y promover un diálogo que esté centrado en la dignidad humana y el bien común. El Papa hizo un énfasis especial en la importancia de proteger el alma de lo que las sociedades producen y solicitó a las autoridades y a la sociedad española fomentar este diálogo social centrado en la dignidad humana.

Los jóvenes acceden al mercado laboral con mucha formación, pero también con temporalidad, salarios que dificultan emanciparse y la sensación de que el esfuerzo no siempre garantiza progreso. Se dice que estamos ante una generación que puede vivir peor que sus padres. ¿Qué consecuencias sociales y humanas tendría asumirlo como algo inevitable?

No podemos aceptar como inevitable que los jóvenes vayan a vivir peor que sus padres. No estamos hablando solamente de salarios o de estadísticas de empleo; estamos hablando de la posibilidad de construir un proyecto de vida, personal y familiar.

Magnifica humanitas nos recuerda que el trabajo debe estar al servicio de la persona y que la economía tiene que crear condiciones para una vida digna. Si un joven tiene formación y trabaja, pero no puede emanciparse, acceder a una vivienda o formar una familia porque sus condiciones laborales se lo impiden, algo está fallando.

Como sociedad no podemos resignarnos. Tenemos que preguntarnos qué cambios necesitamos en el trabajo, en los salarios y en el acceso a la vivienda para que los jóvenes puedan mirar al futuro con esperanza. Tenemos que actuar.

La Iglesia reivindica empleo digno, salarios justos y conciliación. ¿Cree que las propias instituciones eclesiales —diócesis, parroquias, colegios, organizaciones o entidades sociales— cumplen estos parámetros?

Dentro de las propias instituciones eclesiales se van dando pasos. Desde hace años ya se está avanzando en la normalización de las relaciones laborales y en la definición del papel de los voluntarios, los colaboradores y los trabajadores, para poder establecer relaciones justas con las personas que trabajan o colaboran en estas entidades.

Cada vez son más las entidades que cuentan con comités de empresa o con convenios laborales que regulan y dignifican las relaciones laborales.

Estoy convencido de que estamos dando pasos importantes en esta línea de dignificar el trabajo, pero también soy consciente de que todavía nos queda camino por recorrer.

Otro tema controvertido es el de las bajas laborales, cómo controlarlas y cómo hacer que no paguen “justos por pecadores”. ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

Es importante cuidar la salud de las personas trabajadoras, por eso Gobierno, empresarios y trabajadores deben abordar seriamente este asunto dentro del diálogo social.

Por otro lado, las bajas por incapacidad temporal las prescriben los médicos y su duración está regulada por las autoridades sanitarias. Existe además un seguimiento de estas bajas por parte de las mutuas colaboradoras. Con todas estas herramientas, considero que, si existe abuso, no deberíamos convertirlo en el centro del debate ni generalizar a partir de casos concretos.

La inmigración suele discutirse en términos de fronteras y cifras, pero una parte importante de los inmigrantes sostiene sectores como los cuidados, la agricultura, la hostelería o la construcción, muchas veces en condiciones especialmente vulnerables. A la vez, surgen crisis migratorias. ¿La sociedad está percibiéndolos cómo oportunidad o cómo amenaza?

Somos conscientes de que muchas personas que han llegado a nuestro país son las que están encargadas de cuidar nuestras casas o cuidar a nuestros mayores. También son ellos los encargados de realizar los trabajos más duros y precarios de nuestra sociedad, trabajos que muchas veces quedarían sin realizar por falta de mano de obra: la hostelería, el comercio, la agricultura, la construcción…

La mayoría son personas que, por distintas circunstancias, han tenido que dejar su tierra, su familia, su casa, y venir a España buscando una oportunidad para poder construir una vida más digna.

Es importante que, desde nuestra fe, aportemos también la mirada que nos ofrece la Doctrina Social de la Iglesia. Una mirada que nos ayude a reconocer la dignidad de cada persona y a actuar en coherencia con el Evangelio.

Después de ocho años en una diócesis como Osma-Soria y ahora desde Ciudad Real, usted conoce territorios donde despoblación, envejecimiento y falta de oportunidades laborales están muy presentes. ¿Puede hablarse realmente de igualdad si el lugar en el que uno nace sigue determinando tantas oportunidades de empleo y de futuro?

Sería conveniente que las Administraciones apostasen de verdad por estas zonas rurales y se ofreciera unos mejores servicios públicos, de transporte, sanidad, educación, conectividad y especialmente, oportunidades de trabajo. Porque si queremos frenar la despoblación, no basta con pedir a la gente que se quede, sino que hay que crear las condiciones para que pueda hacerlo. También necesitamos una apuesta decidida por la industrialización y por un modelo de desarrollo que genere empleo digno y estable en el mundo rural. Instalar una empresa, mantener un proyecto o crear empleo en una zona rural tiene también un enorme valor social: significa dar futuro a las personas, mantener vivos los pueblos y evitar que territorios enteros se queden vacíos.

En definitiva, hablar de igualdad también significa garantizar que, vivas donde vivas, tengas derecho a las mismas oportunidades para construir tu proyecto de vida y acceder a un trabajo digno.

Para decir que el mundo del trabajo ha avanzado verdaderamente hacia un modelo más humano, en su opinión, ¿qué tres cosas tendrían que cambiar?

El Papa León XIV nos ofrece en su Encíclica Magnifica humanitas tres propuestas muy acertadas: en primer lugar, establecer criterios sociales para la innovación de manera que la tecnología esté al servicio de las personas y nos ayude a desarrollar nuestras capacidades humanas. En segundo lugar, nos recuerda que necesitamos políticas activas que garanticen el acceso a la formación continua y que faciliten la transición profesional. Por último, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito. De manera que, cuando se dan estas condiciones, la innovación puede convertirse en aliada de un trabajo más seguro, más creativo y más digno.


Fuente: Revista A hombros de trabajadores, octubre de 2026, páginas 4-6. Entrevista realizada por Guadalupe Mejorado. Fotografías: Conferencia Episcopal Española y Hermandades del Trabajo de Madrid. Reproducida a partir del documento original, con ajustes de formato para su publicación digital.

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